A raiz de tempestad
Con el viento en los tobillos comían galletas y conversaban.
Sabrine solía decir que nada dura para siempre. Bernabé, cada vez que lo mencionaba, repetía lo que ya todos acostumbrábamos a oir: “dura todo lo que la memoria quiera”. Entonces era el momento de Dulce, donde desplegaba una serie de preguntas y rollos filosóficos infinitos en donde te hacía dudar por unos segundos hasta de tu propio nombre. Henoc, se limitaba a mirar las nubes, ofreciendo su aporte en momentos puntuales. Y ella, la chica de las llaves de marfil, en silencio, realizaba virguerías con el humo de su cigarro.

A veces, las cosas duran tanto como queramos que duren, por lo que puede ser fácilmente cuestión de voluntad.
Por otro lado… ¿Cuál era el nombre de la chica de las llaves de marfil? y ¿por qué le llamaban así?