Sofía recuerda

 

La noche daba paso al día con el sonido de su voz mientras dormía en su regazo. Acariciaba mi pelo y retorcía sus dedos en él formando diminutos bucles nuevos que se deshacían enseguida. Su carácter era impecable, raras veces entraba en cólera. Pero a menudo “discutíamos” por tonterías. Cuando eso pasaba, terminaba saliendo de la habitación y se fumaba un cigarro en la pequeña terraza mientras observaba el cielo.

No me gustaba esa manía suya, pero me daba el tiempo suficiente para gritarle a las paredes y relajarme después. Apestaba cuando regresaba, y me abrazaba fuerte para fastidiarme. De nuevo afloraba un pellizco de mi mal humor pero enseguida lo cambiaba por una sonrisa. No se como lo hacía, lo odiaba, era imposible enfadarme con él de verdad. Es de esas cosas a las que te terminas acostumbrando, y en el fondo llegas a no poder vivir sin ellas.

Era mejor que el helado de straciatella en pleno mes de agosto, las croquetas de mamá, o incluso el chocolate. La ópera de madame Butterfly, Pablo Neruda, o el gran Pagannini.

Sólo sentir su presencia, era lo más grande del mundo. Nada podía compararse. Pero se fue, una vez más, dejando el recuerdo.

 

Ahora olía a hierba recién cortada, y algo que parecían pequeñas gotas de lluvia comenzaban a deslizarse por mi pelo y ropa. El ambiente comenzaba a llenarse de ruiditos. Abrí los ojos y no hice ningún gesto. Completamente inmóvil en aquel baile de miniaturas chocando sin piedad contra el suelo y todo lo que pillaran a su paso, estaba yo, sentada en el tronco del árbol de los secretos. La tormenta más grande que he visto nunca estaba empezando, y parecía no tener interés en parar pronto. Sinceramente, no me importaba. Seguía esperando su señal. No podía haber desaparecido por completo. No.

No se cuanto rato estuve allí sentada. Con más desánimo encima que agua, llegué a casa y recogí el correo. Una factura de la luz, una carta para mi hermano, 2 vales del Telepizza y un catálogo de decoración. Nada que me hiciera en este momento la más mínima ilusión de abrir. Estaba de mal humor, y cuando fui a cerrar el buzón de forma brusca cayó al suelo una nota sucia y pequeña, a modo de Posic. Estaba hecha un manojo de nervios,  me agaché a recogerlo. Seguramente sería más publicidad, pero yo esperaba que no. Quería que fuera algo suyo.

Siempre he creído en el destino, en que la vida ya está marcada antes de que nos paremos a pensarlo. Y por lo tanto en sus señales. Aunque me estuviera gastando una broma estúpida y sin gracia, lo prefería.  La nota tenía un tacto muy recio y estaba escrito en letra minuciosa y negra. Nada más leerla rompí a llorar.

” Espero volver a verte pronto, aunque mi forma cambie siempre seré yo… ¿Sabrás verme?”  Firmado: Magia

La última vez que lo vi era como la mermelada. Dulce, único, recubierto de duro y a su vez frágil cristal transparente.

Hoy… hoy no sé como es, ni donde está, ni si ha cambiado de forma. Pero aparecerá. Lo dejó escrito en el Posic, y los Posics son más fieles que los perros, incluso más que los perfectamente adiestrados. Sí, mucho más.

 

p3280008

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~ por purpleshow en abril 16, 2009.

Una respuesta to “Sofía recuerda”

  1. Si pudiera hablar con Sofía le diría que la Magia está en todas partes, y que a veces, incluso cuando cae tormenta, merece la pena salir a la calle para buscarla.

    Hay que mirar por todos los rincones, ¡puede estar en cualquier parte!

    Incluso delante de nuestras narices = )

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