Ya pasó

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Sofía no lloraba ni mucho ni poco. Lloraba cuando no podía sostener su saco de sentimientos lleno de papelitos escritos pese a todo, con cera de colores. Tanto si eran buenos como no tan buenos, ella los almacenaba hasta que el saco gritaba rebosante. Entonces se creaba un acontecimiento: explotaba su interior. Un nudo se creaba en su garganta y de sus preciosos ojos verdes descendían diminutas lágrimas, a su vez, dejaba Volcar el saco mientras la vista se le nublaba viendo caer los cientos y cientos de papelitos desordenados, para que segundos después el viento -que corría por toda la habitación gracias a las amplios y ahora abiertos ventanales- se los llevara alborotando su pelo al compás. Tras la explosión, algunos de los papelitos se quedaban enganchados al saco, y no se iban ni tras cientos de sacudidas.  A esos pequeños rebeldes, los llamaba escalofríos.

Sofía tenia una característica muy particular. Cuando alguna circunstancia le atravesaba verdaderamente el corazón, temblaba. Como si un frío polar llegara sin avisar. Dejándole las manos como el corazon, helados. Su mente se quedaba en blanco. Un sin fin de imágenes, sentimientos y sobre todo palabras creaban un cúmulo inmenso, que le hacía quedarse “ciega”  sin reacción, con tan solo ese movimiento del cuerpo con voluntad propia. Después rompía a llorar muy intensamente, encharcando de lágrimas sus propios pulmones, dejándola débil y sin apenas fuerza para alzar la vista.

Afortunadamente, cuando aquello pasaba, nadie estaba en casa. Y daba las gracias por ello, por no mostrar esa parte tan sensible de ella misma; La que tanta vergüenza le hubiera causado. Pues, estaba segura de que si alguien la veía, se preocuparía demasiado, y el ambiente se llenaría de preguntas tormentosas y explicaciones incómodas y en tono elevado.

Fue en aquella tarde de primavera donde se dijo que nunca más volvería a pasar por lo mismo. Nunca más volvería a llorar de aquella forma. Y menos, por alguien. Fue el peor mes de toda su vida, con diferencia. Hasta que con el tiempo, que dicen todo lo cura, desapareció. Devolviéndole la sonrisa, y dejándola vivir dignamente.

Aquella promesa quedó atrás, un secreto en el olvido. Ya no la necesitaba, ni tan siquiera caminaba por sus recuerdos. Había conseguido ser fuerte, brillar y hacer brillar. Radiante, luchadora como la que más. Vaivenes de vez en cuando, pero nada que no se pudiera superar con un traguito de agua azucarada de la botella mágica, la del “You can” y largas conversaciones en Aquelarre.

Lo que ella no sabía, era que aquel papelito en su narutaleza de belleza incalculable que pasó a ser escalofrío, se quedó con ella, ofreciéndole cada día, muy poco a poco, sorbito a sorbito, su consecuencia. Volviendo con toda su furia  un 11 de mayo, donde la atacó sin compasión.

Tembló muchísimo, ya se había olvidado de esa sensación, hasta que recordó todo. Entendió, y escribió.

Una carta de despedida. De las que duelen en el alma, más que la quemadura del hielo, más que la indiferencia, más que la mentira o la impotencia. Mucho más que la ignorancia. Y esta vez no lloró; No se lo permitió. Sus ojos se quedaron rojos, como si hubiera pasado un día entero en uno de esos bares lleno de fumadores de puro y pipa.  Una parte de ella, murió ese día. Y su carta, con sello enviada.

 

Ahora Sofía no es Sofía, ya nadie la conoce como tal. Pero ante todo, no deja de soñar, y se sienta en aquel tronco del árbol, aquel donde lo más bello se convirtió en repulsivo, y de donde vino una piedra golpeando el cristal hace mucho tiempo atrás haciéndola levitar.  Ahora se sienta allí en cada amanecer, tocando con sus pies descalzos el cesped, sin experimentar vértigo. Allí es donde se deja llevar por los sentidos, escuchando hablar a  la naturaleza, a su espíritu y razón, las que siempre tanto le aconsejan. Pero nunca ya, a su corazón.

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~ por purpleshow en abril 29, 2009.

Una respuesta to “Ya pasó”

  1. Si pudiera hablar con Sofía le diría que ella misma se prometió un imposible, pues sentir es de humanos, así como llorar o preocuparse, y negando de esa forma sus sentimientos lo único que realmente está haciendo es autoconvencerse de que no siente nada, cuando eso no es así; si ella no es así ¿para qué se promete algo que sabe que no va a cumplir como es eso de no volver a llorar de esa forma, y menos por alguien? Mostrar nuestros sentimientos no nos hace inferiores, al contrario…

    Y ya fuera del texto, ¿qué se supone que afecta tanto a Sofía como para dejar hasta su propio nombre? y luego, más tarde, ¿por qué no se anima a escuchar un poquito a su corazón? y ¿por qué lo más bello se convierte en repulsivo?

    Por otro lado… para mí la impotencia, la indiferencia y la mentira duelen muchísimo más que una despedida. Pues de hecho, las despedidas son bastante más naturales, como los saludos.

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